Ruta Jacobea de Montaña a Santiago
PROLOGO
Cuando decidimos hacer el Camino de Santiago por la montaña,
después de calcular todo y ver las posibilidades y nuestra forma física,
creíamos que nos resultaría una cosa fácil y llevadera.
Una vez terminado, tenemos que decir que no. Ha tenido más dificultades
de las que esperábamos. Dificultades, que de haberlas vivido antes, quizá
no hubiéramos hecho la ruta. Digo haberlas vivido, porque lo que hemos
pasado, por mucho que os lo expliquemos es imposible trasladarlo a otro.
Quizá no debiera referir los trabajos que hemos pasado. No quiero que
lo suframos dos veces: primero al viviros, y luego al contarlos. Pero en fin,
aquí va todo tal como lo sufrimos. Por lo menos tal como lo vio el cronista
ayudado por los demás.
Hemos abandonado doce días el trabajo: la dura fábrica y la antigua
oficina, el viejo tren y sus humildes viajeros, el estirado colegio y sus pobres
alumnos. Luego hemos remontado por las montañas, envueltos por la niebla
y la maleza y el temor escondido de tener que abandonar. Y hemos llegado a Santiago
por el alto camino de la Montaña. Esto es lo que hemos hecho. Y esto
es lo que os encontraréis descrito en estas páginas si las leéis.