Ruta Jacobea de Montaña a Santiago

DIA CUARTO : 12 de agosto de 1971. CASTAÑERA – VILLORIN.
6.30. Nos levantamos. Preparamos las mochilas y los pies y luego desayunamos. Salimos de Castañera a las 7.45. Hace pleno sol.
Caminamos en compañía de algunos lugareños que aprovechan el día de sol para recoger la hierba. Al lado nuestro camina una señora detrás de un pollino. Va tranquilamente haciendo punto a la vez que pone los pies en el suelo y sigue nuestra conversación. Ni tropieza, ni se le escapa un punto de la aguja.

8.25. Pasamos por Campoleo y Praullongo, frente a Peña Manteca. El paisaje es extraordinario.

9.50. Collao de Labedul. Encontramos a una veraneante nativa que lleva viviendo treinta años en Barcelona y charlamos con ella.

10.10. Labedul. Lo ganamos por una cuesta abajo muy pronunciada. Con el peso de las mochilas y el estado en que se encuentran nuestros pies nos cuesta mucho bajar. Tememos las cuestas abajo.

11.00. Solano. El camino es estrecho. No llega ni la carretera ni la luz. Al cruzarnos con una expedición que va a recoger hierba, nos preguntan si somos músicos.

12.30. Llegamos hasta Mieldes por una cuesta muy dura.

13.30. Troncada. “-¿Sois fotógrafos?”

15.10. Mieldes. Es un pueblo bastante rico. Tiene un terreno cultivable muy bueno. Es un pueblo muy grande, pero no tiene luz ni carretera. Comemos aquí.

18.45. Santiago de Sierra. Estamos haciendo un esfuerzo para llegar esta noche a Corias. Atravesamos el río Unón por un tronco que nos deja en medio del cauce. Nos ayuda un paisano que ha estado en Suiza. A Tino le lleva la cantimplora el río. Manuel Garrido, que así se llama nuestro ayudante, se mete en el río mojándose los pantalones por encima de las rodillas, pero no puede recuperarla.

20.45. Llegamos, subiendo por los prados a Luarnes. Don Manuel nos acompaña de noche, durante cuarenta minutos. Nos deja a las puertas de nuestro fin de etapa.

22.00. Terminamos la jornada en Villaorín. No encontramos qué cenar, ni dónde dormir. Después de mucho dar vueltas, conseguimos dos chorizos y una botella de vino. Tocamos a quince gramos cada uno.
- Qué bien venía ahora un platu fabes, ¿eh guaje?

Gelín no deja de provocar a Tino con el plato de fabada, y al benjamín de la expedición se le abre más el apetito. A dormir debajo de un alero acompañados por un carro del país.
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